Hay pruebas que el opositor entiende desde el principio. El temario, por ejemplo: sabes lo que tienes que estudiar, sabes lo que te pueden preguntar y sabes -o al menos lo intuyes-, cómo lo llevas. Incluso las físicas: entrenas, mejoras, repites. Pero los psicotécnicos juegan en otra liga.
Hemos hablado con Roberto Cano, más conocido en clase como Rober, uno de los referentes en España en la preparación de psicotécnicos y profesor en Ofipol. Rober lleva más de 20 años ayudando a opositores a enfrentarse a una prueba a la que muchos llegan con terror, viendo cómo evolucionan los exámenes, cómo cambian las promociones y, sobre todo, cómo se repiten los mismos errores. Porque, por mucho que pasen los años, hay patrones que no cambian.
“Esto no va de inteligencia, va de astucia”
Después de tantos años, tiene claro que hay una idea que conviene desmontar: los psicotécnicos no son, en sentido estricto, una prueba de inteligencia. O al menos no en la forma en que la mayoría de opositores lo interpreta.
Rober lo explica sin rodeos: “aunque se disfracen de pruebas de inteligencia, esto no es verdad”, porque en realidad “son pruebas de astucia”. Es decir, no gana quien más sabe, sino quien mejor entiende el tipo de ejercicio al que se enfrenta. Por eso, más que acumular conocimiento, el trabajo pasa por reconocer patrones, identificar trampas y automatizar procesos. El objetivo no es pensar más, sino pensar mejor y en menos tiempo.
Otros elementos clave en la preparación son la autoevaluación y el poder comparar tu nivel con el de otros aspirantes. Más allá del estudio individual, resulta fundamental tener una referencia externa. “Hace falta tener una comunidad, un colectivo en el que poder comparar la nota con la de los demás, con aspirantes que ayuden y motiven en ejercicios en los que a ti te haya salido mal y tú poder hacer lo mismo con ellos en otros bloques distintos.”
Enseñar desde el respeto y la participación

A partir de ahí, define el papel de cada uno. “El nuestro es enseñar todo lo que llevamos aprendido en nuestra carrera profesional”, señala, mientras que el alumno debe “esforzarse en intentar comprenderlo”. Para él, “la clase siempre se debe elaborar desde las dos partes. La clave está en que los alumnos participen”.
Unos alumnos que, como bien indica, cuentan con perfiles y niveles académicos muy heterogéneos. Aún así, “todos los años aprueba gente que en un primer momento no tenía ni idea de ejercicios de aptitudes, que nunca había practicado, y a fuerza de trabajo, constancia y una pequeña dedicación, al final consiguen pasar la prueba.” Para alcanzar el apto, una parte esencial son las clases de la academia: “Las clases van enfocadas a poder identificar cuáles son las preguntas que de forma habitual se pueden fallar para que así todos ganen confianza y vean que no es una prueba incómoda.”
Sin embargo, los bloqueos existen, es así, y suelen concentrarse en dos grandes áreas. Por un lado, el vocabulario; por otro, el cálculo. “El mundo está dividido en dos. Hay humanos que el bloque de palabras lo llevan mal y lo odian a muerte”, mientras que otros, en cuanto aparece “la palabra porcentaje o crecimiento porcentual, automáticamente les sale sarpullido”. No es casual. En la mayoría de los casos, esas dificultades tienen que ver con la inercia académica previa. Quien ha tenido problemas con el cálculo los arrastra, y lo mismo ocurre con el lenguaje. La diferencia está en cómo se trabaja sobre ellos.
Errores frecuentes en la preparación
A lo largo de los años, Rober ha visto repetirse una serie de fallos que explican por qué muchos opositores no rinden como podrían en esta prueba. No suelen ser errores de capacidad, sino de enfoque, actitud y preparación.
- Plantear el psicotécnico como el temario. Uno de los fallos más habituales tiene que ver con el enfoque. Muchos opositores intentan estudiar los psicotécnicos igual que el temario, dedicando el mismo tiempo y replicando las mismas dinámicas, cuando en realidad son pruebas completamente distintas. El problema es que aquí no funciona la acumulación de horas, sino el ritmo: “funciona muy bien si se le dedica poco tiempo varios días por semana”, mientras que “funciona muy mal cuando se le dedica mucho tiempo pocos días”.
- Falta de actitud activa durante el entrenamiento. Más allá del tiempo que se le dedique, la forma de enfrentarse a los ejercicios es determinante. En los psicotécnicos no basta con estar presente, hay que implicarse desde el primer momento. Como explica Rober, “necesitas un enfoque totalmente proactivo”, con un nivel de concentración alto y constante, porque la prueba exige atención real en cada ejercicio.
- No trabajar la parte mental. Otro error frecuente está en la percepción que tiene el opositor sobre su propia capacidad. Rober utiliza el concepto de “locus de control” para referirse a esa sensación de verse capaz —o no— de superar la prueba. Cuando esa percepción falla, aparece la indefensión: “hay muchas investigaciones que dicen que cuando una persona no se ve capaz de superar una prueba, al final la inseguridad le acaba jugando malas pasadas”. Para contrarrestarlo, insiste en la importancia del entorno: asistir a clases, presenciales u online, para comparar resultados, ver la evolución y situarse respecto a otros compañeros, porque “es fundamental poder compararse” y así ajustar expectativas y ganar confianza.
La base de todo: práctica y repetición

El día del examen no hay margen para improvisar. “Solo tienes una oportunidad”, recuerda. Y si el proceso no está interiorizado, no se llega en tiempo. “Si para poder resolver un ejercicio necesitas hacer cuatro pasos y en convocatoria los dudas, no te va a salir”.
La única forma de evitarlo es repetir. Muchas veces. Hasta que el ejercicio deja de ser un problema y se convierte en un mecanismo interiorizado. A lo largo de los años ha visto todo tipo de perfiles: personas con gran capacidad que no han conseguido superar la prueba y otras que partían desde cero y lo han logrado. La diferencia, en su experiencia, es clara. “La constancia es el 100%”. Porque, como recuerda, “las pruebas están diseñadas para llevarte al engaño”, y la única forma de evitarlos es conocer bien cómo funcionan. Y ese conocimiento no es teórico, es práctico.
En un contexto donde muchos opositores buscan constantemente nuevos materiales, su planteamiento es más conciso y lo resume en tres elementos básicos: “Psicotécnicos, los pone el centro; ganas, las pone el alumno; y luego, con un lapicero H2 y una goma Milán, tenemos más que suficiente”, afirma, dejando claro que la base no está en el volumen de recursos y que no hace falta una gran inversión de dinero en recursos: “con venir a las clases o con estar en uno de los cursos online que tenemos en el centro, es más que suficiente.”
Aun así, reconoce el valor de herramientas bien diseñadas. Destaca especialmente recursos disponibles en Ofipol como la Trucoteca -de la que se siente especialmente orgulloso-, el Palabreitor o el Calculón, que permiten trabajar aspectos concretos del examen de vocabulario y cálculo.
Cómo debería ser una sesión de estudio eficaz

- 5 minutos de cálculo (Calculón). Para activar la mente y empezar con foco.
- Un bloque de ejercicios tipo ómnibus. Trabajo completo del ejercicio.
- Corrección inmediata con vídeo. Ver qué ha fallado y por qué.
- Análisis de errores. “¿Porque no la sabía o porque no conocía el sistema?”
- Resolución de dudas. A través de la plataforma y el profesor.
- 5 minutos de vocabulario (Palabreitor). Para mantener activo ese bloque y cerrar esa sesión de estudio.
El objetivo no es hacer más, sino hacerlo mejor. Respecto a cuánto tiempo dedicarle a la preparación de este examen, Rober reconoce que a día de hoy el psicotécnico ha perdido peso como prueba eliminatoria. Eso no significa que se pueda descuidar. La recomendación es mantener el contacto de forma constante, pero sin desplazar el foco principal del examen teórico, las físicas o la entrevista. En términos generales, plantea dos sesiones semanales: una en clase —presencial u online— y otra por cuenta propia, de una hora o una hora y media.
¿Quieres preparar los psicotécnicos con método?
Después de más de dos décadas preparando psicotécnicos, Rober ha visto cómo esta prueba ha pasado por fases muy distintas. Recuerda convocatorias en las que el nivel era relativamente accesible y otras, como determinadas promociones o incluso durante la pandemia, en las que la dificultad fue mucho mayor. Aun así, más allá de esos cambios, hay una constante que se repite: quien entrena, mejora. Y quien mejora, llega con opciones reales.
En Ofipol trabajamos los psicotécnicos como lo que son: una prueba que se entrena. Con clases presenciales y online, herramientas propias como Trucoteca, Palabreitor o Calculón, y un enfoque práctico desde el primer día. Apúntate a nuestros cursos de psicotécnicos y empieza a entrenar como se entrena esta prueba de verdad.